1.5.09

Un baúl, unos disfraces y unas fotos

En la casa de mi abuelo hay un baúl antiquísimo. Por eso, cada vez que voy a visitarlo, lo primero que hago, incluso antes de comer los ricos postres de la abuela, es subir a la azotea y ver ese baúl. Abrirlo es como entrar en un agujero negro que te lleva a otra dimensión, llena de magia, recuerdos, historias y aventuras. Hay de todo lo que te puedas imaginar en ese cajón, de barnizado antiguo, pero elegante, inoxidable en el tiempo. Disfraces, máscaras, juguetes, revistas… insisto, todo lo que te puedas imaginar vive ahí. El otro día, encontré fotos de mi mamá cuando era niña. Y ahí estaba el abuelo, enseñándole a cabalgar, tomándola en brazos, en fiestas, reuniones familiares, entre otras ocasiones, inmortalizadas en esas imágenes. Hay en sepia, en blanco y negro y a todo color. Hay una foto de mi hermanita cuando una bebita. Recuerdo cuando saltaba en su cama, hasta que se pegara en la cabecita y se pusiera a llorar. Eran tiempos intensos, donde nada importaba, donde todo se solucionaba escondiéndose detrás de la abuela. Eran tardes eternas andando a caballo con el abuelo, jugando a la guerra con pistolas de pinball junto a mis primos. Un día descubrieron el baúl. En ese preciso instante, todo se destruyó. Ir a esa azotea ya no era lo mismo. Era como mi tesoro, y ahora lo tengo que compartir.

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